Señal de Alarma
Aunque cueste admitirlo, el dolor es esencial para la supervivencia, ya que es la señal de alarma del organismo, que llama la atención hacia un malestar o enfermedad. Nos protege de lesiones graves por medio de actos reflejos.
En el diagnóstico de una enfermedad, el dolor se considera generalmente como una señal de alarma que nos avisa. Es como si el cuerpo nos indujera a reaccionar y suprimir el estímulo que lo produce.
Nuestro sistema nervioso es una gigantesca red de comunicación, comparable a una extensa red telefónica cuya central es el cerebro. La médula espinal ejerce la función del cable de transmisión central.
Las fibras nerviosas, formadas por numerosas células independientes, que entran y salen de la médula espinal como las ramas cada vez más pequeñas de un árbol, son las líneas telefónicas individuales. En conjunto, tienen una longitud calculada de algo menos de mil millones de kilómetros, más de 2.500 veces la distancia entre la Tierra y la Luna.
Como podemos sentir dolor en todas las partes del cuerpo, este sistema de alarma está distribuido por todo el organismo y tiene una sorprendente capacidad de reacción. La información se envía por las vías nerviosas en forma de impulsos eléctricos, en ocasiones a unas velocidades de hasta 135 metros por segundo.
Este estímulo llega a la médula espinal a través de las fibras nerviosas, desde aquí y a través de los cordones medulares alcanza el cerebro, donde se interpreta el estímulo nervioso y es así que percibimos el dolor, con diversos grados de intensidad. Esta reacción alcanza casi los 500 kilómetros por hora, y explica por qué si tocamos una placa caliente o nos pinchamos con una aguja, retiramos la mano al instante porque sentimos dolor.



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